Una inauguración y una plaza

Vive para ti solo, si pudieres;
 Pues sólo para ti, si mueres, mueres

(Francisco de Quevedo)

 

En febrero de 2016 arrancó Miga, el proyecto personal del cocinero carballés Adrián Felípez, en la coruñesa Plaza de España. El local es definido en su propia página web como casa de comidas o bistró de cocina gallega. Sea como sea –siempre desconfío de las definiciones-, me decidí a conocer su apuesta culinaria pues me habían hablado muy bien del cocinero, de sólida formación en alta cocina incluso trabajó en el Celler de Can Roca. La reserva hubo de esperar ya que llenan los fines de semana y hay que hacerla con tiempo.

 

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El Chef Adrián Felípez en plena composición

 

El local no es muy grande, paredes de piedra y cocina a la vista que separa una zona de entrada para tomar un aperitivo, un comedor al fondo con cuatro o cinco mesas y un reservado abierto donde caben hasta doce comensales. Ocupamos este último un grupo de cinco matrimonios.

 

De platos para compartir pedimos los pimientos a la brasa con huevos de Baldaio y huevas y navajas con tirabeques a la brasa con salsa verde. Me gustaron ambos, buena combinación de ingredientes y sabores intensos. Pedí de segundo arroz de cocochas de bacalao y esparrago verde: irreprochable. Siempre digo que lo más raro que he comido en Galicia es un arroz en su punto, pues bien, el punto del arroz era perfecto. Probé además un plato de cuchara: Habas verdinas y vieira curada y a la brasa; platazo, volvemos a un punto perfecto de los ingredientes y a una combinación feliz, en este caso sin arriesgar. Creo haber comentado alguna vez que las verdinas son la aristocracia de las alubias y que, aun admitiendo las mismas preparaciones que sus hermanas plebeyas y dada su finura, van muy bien con pescados y mariscos. Siempre tienen algún pescado del día que resultó ser doncella. Otros platos de la carta eran el steak tartar con ensalada de anisados y patatas, costillas de cerdo confitadas y a la brasa con cebolla encurtida, patata con yema y cigala y una terrina de oreja y pata con alcachofas. En el apartado dulce destacaría una manzana asada y helado de vainilla de repetir y repetir.

 

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Navajas con tirabeques a la brasa con salsa verde

 

Me gustan los restaurantes que apuestan por el respeto al producto, por el mercado y la temporalidad y aquí se dan estas premisas. Si a esto añadimos una impecable técnica culinaria con unos puntos ajustados y sabores intensos, de siempre, pues…. miel sobre hojuelas. La cocina es así de sencilla, así de difícil. En este caso me alegro doblemente, por ser un cocinero joven y porque este tipo de locales no sobran precisamente en la ciudad herculina. Ojalá continúe así –promete rotar la carta en función de la temporada- y tenga mucho éxito.

 

Esta zona de la Plaza de España, que se ha vuelto muy agradable desde que la han peatonalizado, cuenta con varias apuestas gastronómicas notables. Aquí está La Pulpeira de Melide de Gorka Rodríguez, quinta generación de una familia dedicada a la hostelería y que también se formó en el restaurante de los hermanos Roca además de en Mugaritz y Noma. Fue distinguido como Cociñeiro do Ano 2015 en Galicia por votación popular. Para muchos es el mejor pulpo de la ciudad con llenos a diario. También se puede disfrutar de otros platos de mercado bien ejecutados. El local casi siempre está lleno y es algo incómodo y ruidoso, mejor las mesas de la terraza.

 

Al lado mismo de la Pulpeira se sitúa la Taberna Gaioso y este es un establecimiento al que le tengo un especial cariño ya que lo vi iniciarse hace bastantes años y siempre lo seguí de cerca. Carlos Gaioso es, bajo mi punto de vista, un gran cocinero con el que he tenido más de una vez interesantes conversaciones sobre gastronomía e incluso hemos intercambiado algún libro. Hace años que elabora para todos sus comensales platos con productos gallegos de calidad pero aportándoles un toque de creatividad que los hace distintos. De formación culinaria sólida, ha ganado varias veces los concursos de tapas que se celebran en la ciudad sobre todo en su categoría creativa. La fusión entre lo clásico, tradicional, sofisticado y de autor, hacen a esta taberna muy singular. Las presentaciones son impecables. La carta cambia con frecuencia y aquí es mejor pedir platos para compartir. La cocina está a la vista, con un espacio a la entrada para el aperitivo y comedor al fondo. Muy recomendable.

 

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Taberna Gaioso, alta cocina elaborada con sabor cien por cien gallego

 

Otro restaurante relativamente nuevo en la misma zona es La Sartén. Con magníficos pescados y mariscos de la Costa da Morte, otra vez producto y producto, es un sitio para degustar una buena centolla o cualquier otro marisco gallego. El servicio es impecable y amable. Todos los miércoles acudo con un grupo de amigos a tomar un vino y de paso, arreglamos el mundo, que falta hace.

 

Una característica común a todos estos establecimientos es que están en una zona peatonal amplia, sin ruido de tráfico y con terrazas muy agradables cuando la meteorología acompaña. Apuestas para diferentes públicos, unas clásicas, otras innovadoras, pero todas interesantes porque, en el fondo, lo importante es disfrutar de la comida y la compañía y aquí es fácil conseguirlo así que, ya saben, en una visita a la ciudad herculina pueden dejarse caer por esta zona. Buen provecho.

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