Un foodie en el mar de Irlanda (Parte II)

 

El trabajo es la maldición de la clase bebedora”

( Oscar Wilde )

 

En cuanto a las bebidas, no descubro nada si digo que a británicos e irlandeses les gusta la cerveza y tienen una tradición cervecera que viene de antiguo. Los bares y pubs tienen una oferta apabullante de grifos. Tienen su ale aunque es fácil encontrar las lager, las pilsen y otros tipos, muchos tipos. He visto grifos de cerveza portuguesa, belga, alemana, holandesa, checa, americana, baja en alcohol, sin alcohol e incluso de San Miguel. Una cosa buena es que, si te sientes perdido, te la dejan probar y tú eliges. La pinta -568 ml.- es su medida icónica. Si pides media pinta te miran como si fueras un afeminado. Mi hermano, que ha asistido varias veces a la fiesta de la cerveza a Múnich sostiene, que la prueba de que Alemania es un país serio, es que cuando pides una cerveza te sirven un litro. En Irlanda la cosa es aún peor. La fábrica Guinness es lo más visitado de Dublín y el Octopus desde luego que acudió a la cita. Allí cumplió su sueño de dominar el barril y servir unas pintas. Muy buenas, por cierto.

 

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Un par de cervezas bien tiradas en la fábrica Guinness en Dublín

 

Creo que no podemos medir las cosas según nuestros parámetros y mucho menos pontificar sobre cómo deberían beber. Ellos tienen mucha más tradición cervecera que nosotros y es otro tipo de bebida. Allí cualquier ocasión es buena para irse a tomar unas pintas y un “pub crawls” es el equivalente nuestro de “irse de bares”. Invariablemente acaban cocidos. En las islas beber en exceso no tiene el estigma que tiene en España, no lo ven como algo moralmente malo y hasta presumen de ello. La otra diferencia con los españoles es que no conducen después de beber o sea que nada de moralizar.

 

Otro hecho que nos sorprende es que beben cerveza entre horas y, por supuesto, a palo seco. Es un clásico salir del trabajo el viernes a primera hora de la tarde e irse todos, a mogollón, al pub a tomarse unas pintas. Esto lo viví yo un día que nomadeaba por Douglas sin rumbo fijo y vi entrar una horda de estas en un pub. Por supuesto que me sumé a la celebración y me tomé una pinta aunque eran las cinco de la tarde. No es difícil acostumbrarse a esto, créanme.

 

Otra característica a destacar es que tradicionalmente las ales se sirven a la temperatura de las bodegas de los pubs, la cual puede variar naturalmente según la temporada; los ingleses dicen que esto es debido a que sus cervezas cuentan con sabores más sutiles que pueden percibirse solo a temperaturas que harían a otras cervezas saber mal, ya que el frío en exceso adormece las papilas gustativas. Esto tardé algo en comprenderlo y me resistí pero ahora veo que, mejor que pedir una lager fría y mediocre como una Fosters australiana, es pedir una buena ale o una stout como la Guinness de un color típicamente negro y carácter seco; de sabor amargo, cremosas y robustas. Características que le aporta el agregar la cebada tostada y por supuesto la levadura, que es el secreto de la caja fuerte. Hay un tipo de cerveza denominada porter, de un color que varía del marrón claro al oscuro y que es engañosa porque, al contrario de lo que aparenta por su color, es una cerveza dulzona con poca presencia de lúpulo. Con estas me cuesta.

 

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Inconfundible dorado de la Okell’s Pale Ale, hecha en Isla de Man

 

En cuanto al vino, aunque lejos todavía en consumo de la cerveza, se observa una cierta afición y su consumo está en franco aumento, al contrario que aquí. Hay mucha oferta en los supermercados y, a pesar de que muchos son caldos mediocres, se pueden encontrar buenos vinos con relativa facilidad. No es difícil encontrar vinos españoles: riojas, cavas y vinos de jerez se ven con facilidad y algún gallego, sobre todo albariños. En los pubs los sirven por copas y en los restaurantes se ve mucha gente acompañando su comida con botellas de vino. El precio con el asunto del brexit y la caída de la libra, se transformó de disparatado a caro.

 

Son menos aficionados que nosotros a los combinados y, por fortuna, no hay la fiebre por el chintonis de aquí. Lo más consumido en destilados es el whisky. En Irlanda hay mucha afición a esta bebida y disponen de muchas y buenas marcas propias. En comparación al vino los precios son más asequibles.

 

Un asunto que me gusta mucho es que todo está medido y te informan, junto con el precio, de los mililitros que te van a servir. Aquí las cañas y bocks dependen del tamaño del vaso o la jarra del bar y la copa de vino, combinado o destilado, oscila desde lo más rácano a lo generoso sin saber muy bien a qué obedece la varianza. Allí siempre sabes a lo que te enfrentas. Con todo, lo que peor llevo de los británicos e irlandeses, en esto son iguales, es el absoluto desconocimiento que tienen de la existencia del bidet. Es un infierno. Deberían copiar a los japos que hasta los instalan en los lavabos públicos. Esto también es civilización. En fin, nadie es perfecto y ya sólo me queda añadir una cosa: ¡cheers!

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