Un foodie en el mar de Irlanda (Parte I)

 

Los ingleses inventaron la sobremesa para olvidar la comida

(Pierre Daninos)

 

No es mi intención hacer un resumen de la gastronomía británica, ni tan siquiera de la culinaria. Sé que en muchos sectores se la ha calificado o mejor dicho, descalificado, de pobre y aburrida cuando no de asquerosa. Estoy en condiciones de afirmar que estas generalizaciones no son del todo ciertas, sino que hay cosas interesantes que contar y no soy yo, un humilde ochopatas, el único que piensa así. Camba y Cunqueiro ya elogiaban aspectos de su gastronomía. Si esto se piensa de la cocina británica imaginad de la irlandesa pero, ¿hay realmente una cocina irlandesa o sólo existió el hambre irlandesa?

 

De Julio Camba, y sobre todo de su maravilloso libro La Casa de Lúculo, siempre me ha maravillado la actualidad de unos pensamientos escritos hace casi un siglo. Camba alababa las maravillosas carnes inglesas, privilegio de sus clases directoras desde la invasión normanda: veal, roast-mutton y beef son palabras de influencia francesa. Su propuesta era pedir el lomo de cordero en el Simpson`s de Londres, con una pinta de Ale. Al poco tiempo llegaría el carver, el escultor de los asados, el cincelador de los lomos, el tallista de los solomillos. Este le ofrecerá el fat, el brown y el cracklin (lo gordo, lo tostado y lo crujiente y quebradizo). Hay que contestar “of course” a todo. El cordero vendrá acompañado de patatas y coles hervidas. De postre recomienda pedir queso Stilton y un poco de pudding del día. Camba se creía un sibarita, pero era un auténtico foodie.

 

simpsons-londres
Espectacular Roast Beef en el Simpson`s de Londres

 

Efectivamente, las carnes que vi y degusté en mi excursión por Man y Dublín no sólo tenían una pinta magnífica sino que eran de calidad, con cortes espectaculares. He visto costillares, roast-beef y codillos con una estampa magnífica. Incluso la octopusita nos cocinó una carne asada deliciosa, adquirida previamente en la carnicería cercana a la casa de mi familia, que sirvió para matar la morriña de los emigrantes. También les hizo tortilla de patatas, una fideua con queenies (unas vieiras pequeñas muy características de la isla) y croquetas, muchas croquetas (conseguir el pan rallado fue una odisea solucionada en una tienda polaca). En esa misma carnicería observé unos solomillos y entrecots de vacuno y cortes de cordero y cerdo con muy buena pinta.

 

Yo, por mi parte, y a petición de los morriñosos, tuve que hacer un arroz de verduras. Fue sencillo conseguir la cebolla, el puerro, el ajo y las judías. Las alcachofas, imposible; menos mal que en un envío de comida que les hice había incluido conservas, además de pimentón, azafrán y arroz valenciano. Para conseguir espárragos verdes me tuve que llevar una bandejita donde también había unas mazorquitas de maíz, que después de catarlas se fueron directamente al cubo de la basura. Producto de Sudáfrica. No dejaron un grano de arroz.

 

En un análisis simplista uno puede creer que en una isla les guste el pescado. Error. Les gusta más bien poco. Las pescaderías, para un Octopus gallego además, son tristes, melancólicas y escasas, muy escasas. Apenas un par de lubinas, de lenguados, de bacalaos, salmones y caballas, y por supuesto su pescado más típico, el «manx kipper», un arenque salado y ahumado en frío. El marisco consiste en buey y bogavante ¡ya cocidos! En los lineales de los supermercados hay algo más y fileteado (no les gusta la visión del “bicho” muerto).

 

18515_manx_kipeprs
Manx Kipper, popular entre la clase trabajadora antes de la II Guerra Mundial

 

Las Fish and Chips, su plato más famoso de pescado, para algunos es la demostración de lo sofisticada que puede llegar a ser la cocina británica. Bacalao rebozado en aceite requemado de girasol y patatas fritas congeladas, simplemente majestuoso. Su degustación produce un estallido de notas de sabores. No, definitivamente no son fish-lovers. Pero faltaría a la verdad si no dijera que esta vez conseguí tomar unas Fish and Chips decentes en un pub del puerto de Douglas llamado The Bridge. Acudimos varias veces a mediodía porque tenían siempre un plato de pescado del día. El personal, muy profesional y amable.

 

En Dublín me quedé con las ganas de tomar las carnes en O`Neills. Las exhiben detrás de un mostrador porque si las ves no las puedes rechazar. La cola que había a cualquier hora nos hizo desistir. Otra vez será. Hubo que buscar un plan b y acabamos en un italiano donde nos sirvieron una pasta y un plato de berenjenas bien ejecutado. A destacar otro italiano, cerca de nuestro hotel, al que fuimos a cenar previa reserva: La Osteria de Lucio. Pastas al dente y pizzas muy buenas, buen servicio y sitio bonito. Lleno total.

 

oneills-dublin
El O’neills Bar, comida tradicional irlandesa

 

La comida en Dublín es de precios normales pero la bebida hace subir la cuenta considerablemente, ya sea cerveza o vino. Este último alcanza a veces precios disparatados. De la bebida hablaremos en el siguiente post ya que merece la pena. En Man, gracias al brexit y al desplome de la libra, el asunto de los precios ha mejorado considerablemente: God save the Queen.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *