Fuego abrasador

 

Yo soy como el chile verde, llorona, picante pero sabroso”

(a la voz Chavela Vargas, ¿quién si no?)

 

El pimiento es el fruto hueco de una planta de la familia de las solanáceas, en concreto, del género capsicum. Muchas solanáceas producen alcaloides tóxicos entre las que se incluye la belladona, la mandrágora y el beleño. Son pocas las solanáceas comestibles. Entre ellas se encuentran el pimiento, el tomate y la berenjena, de gran relevancia en lo que nos ocupa: la gastronomía.

 

Es complicado imaginar cómo sería la alimentación en todo el mundo sin los productos que trajeron los españoles de América. ¿Qué sería de la cocina europea, oriental o la africana sin el maíz, el tomate, la patata, el cacao, la mandioca y la guindilla o pimiento?

 

De todos es sabido que Colón fracasó en su intento de burlar el dominio portugués sobre las rutas a las Indias Orientales y así tener acceso a las preciadas especias. Arribó muy lejos. En su primer viaje a América conoció una planta cuyo fruto picaba aún más que la pimienta. Como era de color rojo, en un alarde de inventiva, lo bautizó como pimiento rojo. Los nativos lo llamaban ají o chile según las diferentes zonas. De vuelta a España se los dio a probar a los Reyes Católicos, como recogió Gómez de Gomara en su “Historia General de las Indias” donde dice: “probaron el ají, especia de los indios que les quemó la lengua”. Estuvieron a un tris de darle el finiquito.

 

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Ají o chile en América del Sur, pimiento en España

 

La primera referencia escrita sobre el pimiento es de puño y letra del Almirante, el cual anotó en el diario de a bordo el 15 de enero de 1493 lo siguiente: “también hay mucho axí, ques su pimienta, della que vale más que pimienta, y toda la gente no come sin ella, que la halla muy sana; puedense cargar cincuenta carabelas cada año en aquella Española”. Efectivamente, los indios usaban el pimiento para todo, para la carne, el pescado y para las salsas. Los aztecas utilizaban el chile como condimento del chocolate y también, al igual que el cacao, se tenía como moneda de cambio e incluso se utilizaba como tributo. Por utilizarlo lo usaban hasta para dar mejor sabor a sus rituales caníbales, como cuenta Bernal Díaz del Castillo cuando en 1538 relata cómo se lo querían comer a él y sus hombres los nativos de Guatemala y cómo hicieron la preparación del guiso con sal, ají, cebollas silvestres y tomates. ¡Olé con el sofrito!

 

Lo cierto y verdad es que los pimientos los trajimos los españoles de América y después se extendieron por el resto de Europa. En Italia tuvieron mucho éxito. Los portugueses contribuyeron decisivamente en la distribución por el resto del mundo. En la actualidad es imposible pensar en la cocina tradicional española sin pimientos en cualquiera de sus formas (fresco, seco o pulverizado): chorizos y demás embutidos, mojos, caldeiradas, piperradas, guindillas, ñoras, pimientos choriceros, pimentón de la Vera o de Murcia, pimientos fritos, asados, rellenos, etc.

 

Hay infinidad de variedades. Los hay dulces que pueden ser rojos, amarillos o verdes. Aquí están incluidos tanto el pimiento morrón como el dulce italiano. Los picantes son infinidad, sobre todo en América. En España los de Herbón, Guernica y pimientos del piquillo de origen en Lodosa.

 

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Pimientos de Herbón con denominación de origen (parroquia de Padrón)

 

El hombre tiene el afán de medirlo todo y así, el farmacéutico yankee Wilbur Scoville, inventó la escala Scoville. Esta mide la capsaicina en el pimiento pero, ¿qué es la capsaicina? Que va a ser: lo que pica. Se mide en unidades Scoville, SHU. Para que se hagan una idea, los pimientos de Herbón que pican se mueven en un rango de 1.000 a 5.000 SHU. La salsa de tabasco, de origen mexicano, oscila entre 30.000 y 50.000 unidades Scoville.

 

Hay personas que toleran mejor el picante que otras y además hay una cierta tolerancia. Los receptores del picante se van adaptando con su estimulación. El dolor causado por la capsaicina produce una liberación de endorfinas que son sustancias que generan placer.

 

Se ha trabajado mucho para conseguir pimientos que no piquen, pimientos dulces, pero también se ha investigado en sentido contrario. En el año 2007, el Naga Jolokia superó el millón de unidades Scoville y fue declarado el chile más picante del mundo. Tres años más tarde, el Viper Naga le quitó el puesto. Después, el podio lo alcanzó el Trinidad Scorpion, rozando el millón y medio de unidades. Hoy, el más abrasador de todos es el Carolina Reaper. Su nombre ya lo dice todo, ya que “reaper” significa guadaña o segadora. Si son capaces de ingerir uno de estos “hijos de la gran chingada” es que son capaces de comerse un volcán o, si les faltan piezas en la boca, lava o magma. Para aliviar este infierno el agua no sirve. Son mejor alimentos grasos y ásperos y lo mejor es un helado.

 

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Carolina Reaper, ¿quién se atreve con él?

 

Para finalizar, un último apunte: los mitificados vaqueros se alimentaban casi exclusivamente de chiles y frijoles, por lo que sus ventosidades debían ser todavía más ruidosas que los disparos de sus colts y sus hemorroides, tras permanecer todo el día a caballo, adquirían proporciones más colosales que el Gran Cañón amén de padecer de “jalaproctitis”o síndrome de defecación ardorosa. Jesús.

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