La carta náutica de los Marinos José

Y se dio cuenta de que nadie jamás está solo en el mar

(Ernest Hemingway – El viejo y el mar)

 

Hay un tópico, que por desgracia todavía circula por ahí, que nos viene a decir que en el sur no se come bien. Craso error propio de la ignorancia que nos asola en estos atribulados tiempos en los que hasta la Filosofía se ha retirado de la Enseñanza. ¡No quieren que nuestros jóvenes aprendan a pensar! Conozco bastante bien los bares, figones, ventas y restaurantes de Andalucía y, créanme, yo casi siempre he comido de maravilla. El producto andaluz nos ofrece un macrocosmos de sabores de los que ya solamente por el aceite, el jamón, las gambas y esos inimitables vinos de Jerez merece la pena recorrer sus playas y veredas.
 

La Bética está bañada por dos mares muy generosos unidos por las aguas frías del Estrecho, lo que nos asegura un variado y excelso producto marino. El Octopus, que es un pertinaz ictiófago, siempre que viaja a las costas malagueñas transita en busca de esos manjares. Uno de sus restaurantes de cabecera, y que nunca falta en sus nomadeos costasoleños, es Los Marinos José. Situado en la playa del Carvajal en Fuengirola, es fácil de encontrar pues si recorren su extenso paseo marítimo en dirección Benalmádena, cuando alcancen una rotonda y no puedan seguir, habrán llegado a su destino. El aparcacoches, siempre atento, se hará cargo del vehículo y usted, que es generoso y educado, le dará la llave y una propina.

 

El local, bastante amplio, dispone de una terraza recientemente acristalada. Nada más entrar se darán de bruces con una mesa que compone un inimitable bodegón marino. Lo mejor de lo mejor: cigalas de tres en un kilo, gigantescos carabineros, atractivas gambas blancas y rojas, bogavantes, cañaíllas, conchas finas, almejas, nécoras, erizos, percebes. Descomunales meros, besugos, pargos, lubinas o doradas del Estrecho. Las piezas brillan de una manera que parece que les han dado lustre; las agallas son de un color intenso, rotundo. No sería de extrañar encontrar a Poseidón o al mismísimo capitán Nemo extasiados ante semejante visión. Con la boca abierta se quedarían como la ballena de Jonás. Todo en grado superlativo.

 

Un recibimiento inmejorable

 

Los hermanos Sánchez tomaron el relevo de su padre en el chiringuito que este había fundado bastantes años atrás. Solo compran lo mejor de las lonjas andaluzas y de otras más alejadas, como las gallegas. Además disponen de dos barcos y lo que capturan aparecerá en carta como “del barco”. Las preparaciones son sencillas y respetuosas con semejantes joyas marinas, comme il faut.

 

He ido repetidas veces a esta casa a comer y cuando lo descubrí, solo tardé dos días en volver. Recientemente acudí en compañía de un matrimonio, buenos amigos gallegos, que disfrutaban unos días de descanso en la zona. Degustamos unas gambas blancas que para mí siempre son un must cuando viajo a Andalucía, una fritura de unos deliciosos y pequeños salmonetes de profundo sabor marino y unos inigualables boquerones victorianos. Mi amiga tomó de segundo un adobo de caballa y los varones nos decidimos por una fantástica urta, gloria del Estrecho. Este pescado es de la familia del pargo y su preparación más clásica es a la roteña, con verduritas. Aquí lo sirven a la espalda ¡para comerlo de rodillas! El postre tiene menos interés aunque la carta permite armonizarlo con buenos vinos. Pedimos milhojas con un espléndido Sauternes.

 

Me cayeron dos lagrimones con esta deliciosa urta

 

En el apartado líquido Los Marinos José cuenta con una amplia y cuidada bodega sobre todo de vinos blancos para acompañar a semejantes tesoros sumergidos. La oferta de vinos generosos andaluces y de vinos de Champagne, solo de estos últimos unas 150 referencias, es abrumadora, pero también encontraran una interesante representación gallega. Nosotros, haciendo patria, nos inclinamos por un buen ribeiro de Viña de Martín. La oferta de destilados no se queda atrás y su apartado de whiskies contaría con la aprobación del mismísimo capitán Haddock. Después de un buen café, nos decantamos por un magnífico Nikka japonés por salir de la rutina escocesa.

 

Capítulo aparte merece la numerosa brigada de camareros. A pesar de estar el restaurante a tope y con un tráfico por los pasillos totalmente de hora punta se le asegura al comensal un servicio impecable. Todo ello, junto con el producto, justifica su reciente elección como Mejor Restaurante de Cocina Tradicional del prestigioso Blog Salsa de Chiles del diario ABC.
 

Aviso a navegantes: Aquí se viene a disfrutar de mariscos y pescados. Los mejores. Si es usted vegano, carnívoro o mediopensionista, absténgase de subir a bordo, pasará más hambre que un caracol en el palo de un velero. ¿El precio? ¡Qué importa!

Restaurante Ibérica en Marylebone

No es cierto que la OMS se haya
pronunciado sobre la cocina inglesa

(Theresa May, ante el Comité Antitortura Británico)

 

La cocina inglesa no goza de buena fama. Muchos piensan que no deja de ser una broma de mal gusto, cuando no directamente un sucio andrajo. En realidad la cocina inglesa, como en su día dijo Julio Camba, no existe. Las carnes son excelentes y las preparan de un modo sencillo. Los pescados son buenos pero no los aprecian. El resto son unas variopintas preparaciones de cremas, puddings, papillas y confituras que parecen hechas para desdentados. Ha estado muy influida por la cocina francesa y de ahí el cambio del nombre del animal para su uso culinario a denominaciones de clara influencia francesa (veal, mutton o beef). Hay quien cree que el principal libro de cocina inglesa son las instrucciones del microondas.

 

Al Octopus, cuando viaja, le gusta conocer las costumbres y la gastronomía de los pueblos que visita. En su último viaje estuvo en la Isla de Man disfrutando de su familia en el exilio y también de las famosas y peligrosas carreras de motos que ahí se celebran. A destacar una cena familiar en un local del centro de Douglas: Macfarlane`s, especializado en pescados y mariscos, donde degustó un “lobster manés” preparado a la thermidor. Lubina de calidad y otro pescado de la familia del lenguado bastante sabroso. Buena oferta de vinos por botella o por copas. Sobremesa con un buen Macallan. La nietiña del Octopus, en su trona, se portó como una campeona. Nada más a destacar, salvo que si permanezco allí más tiempo vuelvo convertido en un Guinnessadicto.

 

De regreso unos días en Londres. La megalópolis londinense es sumamente interesante para un gastronauta, aunque este sea un humilde ochopatas. Ciudad cosmopolita, se pueden encontrar ofertas gastronómicas de cualquier confín del planeta, por alejado y exótico que pueda parecer. Visité varios locales de diferentes cocinas pero hoy les voy a hablar de comida española en el Reino Unido. Si, ¿pasa algo?.

 

Restaurante Ibérica en Marylebone

 

El Octopus, cuando lleva un cierto tiempo alejado de sus mares de cabecera, alimentándose de los fogones indígenas, suele comenzar a sentir un desasosiego estomacal acompañado de sudores fríos y mareos que, en el fondo, no es más que morriña de las croquetas y otros productos de cercanía. Pronto descubrió que muy próximo a su hotel, el también hispano Meliá White House, estaba situado el restaurante Ibérica de Marylebone y recordó una recomendación de su amigo el periodista Paco Rivera: no te lo pierdas, lo dirige un chico de Lugo.

 

El restaurante goza de una situación privilegiada muy cerca de Regent`s Park, en el corazón de Marylebone y a tiro de piedra de las muy comerciales Oxford y Regent Street. Local que hace esquina, amplio y luminoso, con grandes ventanales a la calle. Decoración cuidada que podríamos definir como rústico-moderna. Cuenta con dos plantas. La inferior con una amplia barra para picotear, una tienda delicatessen con conservas, charcutería y una bodega de vinos españoles perfectamente climatizada. Hay mesas con vistas a la calle o a los jamones ibéricos que nos observan al lado de la barra. La planta superior alberga un comedor general y otro privado donde sobresalen las decorativas cerámicas de Sargadelos.

 

Arroz con pitu de calella y pimientos del piquillo

 

Habíamos reservado mesa para cenar. Nos recibió Manuel, un italiano muy amable y simpático que, por lo que observé, ejerce de jefe de sala. En la carta sobresalen el jamón ibérico de jabugo de Pedro Domecq o el Covap de los Pedroches. Buenos quesos de Idiazábal, San Simón, Ibores, manchegos o de Mahón. Hay ensaladilla, tortilla, bravas, pulpo a la gallega, calamares fritos, pimientos de Padrón. Perfectos para compartir. En platos principales destacan la merluza a la gallega, pluma o presa ibérica y arroz con pitu. También ofrecen paellas tanto de pescado, pollo, vegetales o mixta. En los postres, arroz con leche, pastel de gloria, tocinillo de cielo, crema catalana y el chocolate con churros, inevitable concesión a la parroquia local. Amplia carta de vinos españoles. Puedes elegir un albariño, un cava, un jerez o un Vega Sicilia, entre otros.

 

Croquetas de jamón

 

Pedimos ensaladilla, croquetas de jamón, calamares fritos y arroz con pitu. Todo muy sabroso. Croquetas ricas, ricas. Perfecta fritura de los calamares, sin grasa. Arroz en su punto perfecto. Numerosa y atenta brigada de camareros (muchos españoles). La sorpresa vino al final, al comentarle al encargado que el director general del grupo Ibérica (hay varios restaurantes Ibérica en Reino Unido) era paisano y que teníamos varios amigos comunes. Rápidamente me dijo que se encontraba allí en una mesa cercana y me lo presentó: Marcos Fernández Pardo, empresario lucense y economista formado en la Universidad de Londres, es el C.E.O. (Director General) del grupo Ibérica. Muy amable, me comentó que había tenido suerte, pues Nacho Manzano, dos estrellas Michelín en Casa Marcial, su chef ejecutivo, estaba allí ejerciendo su labor. Agradable charla con el chef que se interesó por nuestra experiencia y sesión de fotos a las puertas del local.

 

Como me había gustado mucho el arroz, volvimos el último día para dar cuenta de una estupenda paella y fuimos invitados, a la espera del arroz, a una ración de buen jamón ibérico. No quiero finalizar sin remarcar que la relación calidad-precio de Ibérica es más que buena; es óptima para una ciudad como Londres que se caracteriza por los precios severos, casi abusivos, sobre todo en el apartado vinos. En resumen, comida española con productos de calidad y bien ejecutada donde fuimos tratados con esmero. Miel sobre hojuelas. Volveré.