Risotto de setas

¿Me preguntas por qué compro arroz
y flores? Compro arroz para vivir y
flores para tener algo por lo que vivir

(Confucio)

 

El arroz (Oryza sativa) es el alimento más consumido del mundo, básico para la supervivencia de la mitad de la población mundial. Se cree que existen más de 100.000 variedades distintas de arroz en todo el mundo. Su origen se remonta al año 7000 a.C en el sudoeste asiático. El arroz se abrió camino desde Asia hasta Europa a través de Persia, donde los árabes aprendieron a cultivarlo y cocinarlo. Los moros fueron los primeros en cultivar grandes cantidades en España en el siglo VIII, y después en Sicilia. El valle del Po y la llanura de Lombardía en el norte de Italia, cuna del risotto, empezaron a producir arroz en el siglo XV. Los españoles y portugueses introdujeron el arroz en toda América en los siglos XVI y XVII.

 

Simplificando, hay dos grandes subespecies de arroz en el mundo, los arroces índica que se cultivan en zonas tropicales y subtropicales, acumulan gran cantidad de almidón y producen un grano largo y firme. Los arroces japónica que crecen tanto en los trópicos como en climas templados (Japón, Corea, Italia, España, California…), acumulan mucho menos almidón y producen un grano más corto y pegajoso. También existen variedades intermedias.

 

Arroz Carnaroli, ideal para el risotto

 

Se me ocurrió prepararles a mis hijos y nueras un risotto de setas. Siempre me llamó mucho la atención lo mucho que les gusta este plato, hasta el punto de que algunos de ellos comentaron que es el plato que más les gusta de los que hago. Al Octopus le gusta mucho el arroz y le gusta cocinarlo. He hecho arroces de todo tipo, paellas, arroces caldosos, cremosos, risottos, arroz pilaf. Quizás con el único que, de momento, no me atreví es con el sushi. He tomado arroces maravillosos, casi todos en la costa mediterránea. El último una paella valenciana o mejor, arroz seco, como lo especifican en su carta, en Casa Carmina en el Saler, brutal, de repetir y repetir.

 

El risotto italiano utiliza una técnica que transforma el arroz en su propia salsa. Utiliza unas variedades de arroz de grano mediano, que son bastante grandes y que, al remover continuamente, se erosionan y sueltan almidón para espesar el líquido, hasta lograr una maravillosa consistencia cremosa. El líquido o caldo se agrega caliente y poco a poco, se remueve continuamente emulsionando la mezcla. En este punto, se añade al arroz algún tipo de grasa, como mantequilla, nata o alguno de sus maravillosos quesos como gorgonzola, mascarpone o parmesano rallado.

 

El tipo de arroz que más me gusta para esta preparación es el Carnaroli italiano. Se utilizan mucho también otra variedad transalpina, muy grande, conocida como Arborio. Si el arroz que tenemos no habla la lengua de Dante, una buena alternativa sería el arroz bomba valenciano. Para hacer este plato suelo utilizar setas deshidratadas, las que más me gustan son las senderuelas que le dan al risotto un aroma voluptuosamente forestal, pero podríamos utilizar boletus, shiitake, trompetas de la muerte, perrechicos etc. Las setas se ponen a hidratar en un recipiente con agua caliente no menos de 10 minutos, se sacan, y se reserva el agua. A las setas ya hidratadas se las lava bien, con varias aguas, para quitarles la tierra y arena que puedan tener adherida y se escurren.

 

Para chuparse los dedos

 

En una cocotte, con poco aceite, hago un sofrito con puerro y/o cebolla y un poco de ajo. Cuando las hortalizas han perdido la vergüenza, incorporo las setas. Al cabo de un rato vierto algo de fino o manzanilla y dejo que se evapore bien el alcohol. Añado el arroz, remuevo, y vierto hasta cubrir, con una mezcla del líquido de hidratar las setas y caldo de pollo o de verduras que tendré caliente en un recipiente aparte. Se va removiendo e incorporando el caldo caliente, poco a poco. Se sala al gusto. Poco a poco el arroz irá soltando almidón y adquiriendo consistencia melosa. Cuando estimo que le queda poco, añado mantequilla, remuevo bien para que se integre. Lo saco del fuego y le añado un orballo de parmesano rallado. Ya solo queda descorchar una botella de un buen blanco gallego o un tinto ligero y cantar “Oh sole mio”.

 

Si me preguntan por proporciones y tiempos he de decir que esto varía en función del fuego, tipo de arroz etc. Los arroces italianos “chupan” mucho caldo, al margen del que se evapora. Calculen como mínimo tres veces de caldo por unidad de arroz. En cuanto al tiempo, mi experiencia habla de 16-18 minutos. Es imprescindible en cocina, no solo los arroces, probar lo que se hace y tener en cuenta que este producto, que muchas veces exige reposo, se continúa haciendo y chupando líquido. Es una cuestión de práctica y sentido común. A mí me gusta mucho cocinar con cocottes de hierro fundido que mantienen mucho el calor, este material y el barro, hacen aconsejable retirar los alimentos del fuego un poco antes.

Legumbres

 

“No olvidéis amigos, super vitaminarse y mineralizarse”

(El ratón forzudo o super ratón)

 

Si todas las estaciones son interesantes desde el punto de vista gastronómico, el otoño es apasionante. Es la época de esas hijas de la lluvia que son las setas, es tiempo de nuestras castañas y nueces, de la caza. Es el tiempo del bosque, que en esta época nos regala sus mejores galas y colores, aprovechen para hacer una excursión por alguna de las maravillosas devesas que pueblan nuestra geografía. En otoño también están en su mejor momento las calabazas, espinacas y acelgas, caquis, granadas, membrillo, uvas y, ya con el otoño avanzado aparecen las primeras mandarinas –o mondarinas, como diría un concursante cualquiera de Gran Hermano-.

 

A caballo entre el final del verano y el otoño aparecen en nuestros ultramarinos y mercados la que para mí es la reina de las legumbres: la alubia, judía, frijol, habichuela o faba -que de tan variadas maneras se la denomina-. La aportación distintiva de las leguminosas es su alto contenido en proteínas que hasta llega a triplicar las del trigo y el arroz. Las legumbres han sido durante mucho tiempo una alternativa imprescindible a los más proteínicos pero más caros alimentos animales, y son especialmente prominentes en la dieta de Asia, América Central y del Sur y la región mediterránea. Un notable signo de su consideración en el mundo antiguo es el hecho de que las cuatro principales legumbres conocidas en Roma dieron su nombre a otras tantas ilustres familias romanas: Fabio se deriva de haba, Léntulo de lenteja, Piso de guisante y Cicerón de garbanzo. ¡Ningún otro grupo de alimentos ha recibido tal honor!

 

legumbres
Principal alimento humano durante milenios

 

Estas cuatro leguminosas son las más consumidas en nuestro país pero la más consumida a nivel mundial es la soja, una de las especies oleosas junto con el cacahuete -sí, el cacahuete es una legumbre-. La maravillosa sopa de miso japonesa o el tofu chino –la carne de las dietas veganas- son de amplio consumo en estos países. A las isoflavonas de la soja se les atribuyen propiedades de retardar la pérdida de materia ósea y el desarrollo del cáncer de próstata y trastornos cardíacos. Además sus saponinas y fitoesteroles reducen los niveles de colesterol en sangre. Otras legumbres comunes son los guisantes, altramuces, la chufa y la alfalfa. Forman parte de la dieta mediterránea y deberíamos tomar leguminosas frecuentemente según la pirámide alimentaria. Bien haríamos en dárselas a nuestros hijos para acostumbrarlos a consumir este tipo de alimentos tan sanos y nutritivos y alejarlos del consumo de grasas industriales y el exceso de proteínas si queremos que en el futuro sean adultos sanos y alejados de la obesidad que asola las pretendidas civilizaciones modernas.

 

Dentro de las alubias consumidas en España hay infinidad de variedades, la canela y la pinta de León, el judión de la Granja, la alubia negra de Tolosa, la blanca riñón, el garrofón valenciano de las paellas, la verdina y la faba de Asturias y Galicia, etc. La verdina, originaria de Francia y que debe su nombre a su bonito color verde pálido, está considerada por muchos cocineros la reina de las alubias, admite las mismas preparaciones que sus hermanas plebeyas no obstante, dada su finura, va muy bien con pescados y mariscos. Con unas almejas ya sea fina, babosa o rubia, con unas andaricas (nécoras) o incluso con pixín (rape) hacen un plato magnífico.

 

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Alubias verdinas con almejas, irresistible plato

 

Las llamemos como las llamemos, judías, habichuelas, alubias o fabas estamos ante una legumbre que gusta a todos. Tanto es así que muchas regiones de España tienen su propia receta particular con este ingrediente que, admite carnes, pescados, hortalizas y verduras para conseguir unas recetas sin igual. Aparte de la reina indiscutible de los potajes que sería la fabada asturiana, las podemos estofar con verduras, chorizo, morcilla, pescados o mariscos, las podemos elaborar en crema, en ensalada con hortalizas asadas. En el Reino Unido las desayunan en un plato clásico llamado “baked beans“.

 

En Francia disponen de un plato regional con ciertas similitudes con nuestra fabada y que ambos han trascendido de sus fronteras locales. Me estoy refiriendo a la cassoulet, originario del Languedoc y de la región de Toulouse, debe su nombre al puchero de barro (casolle) en el que se prepara. Este plato, cuyo ingrediente principal son las alubias, lleva además de una serie de hortalizas, corteza de tocino, salchicha fina de cerdo, otras partes del guarro y confits de pato con su grasa. Los ingredientes se cuecen y al final se remata en el horno. La cassoulet hecha como mandan los cánones debe quedar cubierta por una costra característica.

 

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Cassoulet, plato típico del sur de Francia

 

En el continente americano hay infinidad de platos cuya base son las alubias: los frijoles charros de Mexico, los frijoles colorados cubanos, los frijoles negros, los colombianos y la feijoada brasileña entre otros.