Los restaurantes y la revolución

“El placer es el objeto, el deber y
el fin de todo ser razonable”
 

(Voltaire) 

 

Si los mesones y posadas tienen un origen muy antiguo, no fue hasta bien avanzado el siglo XVIII cuando comenzaron a aparecer locales con un concepto moderno de lo que tenía que ser un negocio dedicado a dar satisfacción a los comensales con ganas de disfrutar de una buena comida: con mesas individuales, mantelerías, vajillas y una carta con los platos ofertados. 

 

Los españoles presumimos de que el primer restaurante del mundo fue fundado en Madrid en 1725. Eso sí, por un francés llamado Jean Botín. También ocultamos que la realidad es que era una hostería, la Hostería Botín. Este establecimiento todavía existe hoy con el nombre de Sobrino de Botín. 

 

Muchos consideran a MonsieuBoulanger el primer cocinero que abrió un restaurante y fue en la Rue des Poulies de París en 1765. Comenzó sirviendo unos caldos reconstituyentes y luego amplió la carta. En su local, de la capital del Sena, colgó un letrero en latín que venía a decir “venid a mí, hombres de estómago cansado, y yo os restauraré”. De ese restaurar surge la palabra y el concepto de restaurante. 

 

El primer restaurante de mundo captado por Thomas Shotter Boys

 

Habría que esperar, no obstante, hasta que se produjera un hecho histórico crucial para dar el pistoletazo de salida al auge de los restaurantes: el 14 de julio de 1789, los franceses, empobrecidos y hartos de los privilegios feudales de la nobleza y del clero, se levantan contra el Antiguo Régimen con la toma de la Bastilla. Lo demás ya es historia: la Asamblea Nacional, la guillotina y liberté, égalitéfraternitéParadójicamente, la escabechina que se produjo supuso un empujón decisivo para la eclosión de restaurantes cada vez más lujosos y caros. Muchos nobles fueron guillotinados y otros consiguieron exiliarse y estas casas aristocráticas solían contar con extraordinarios equipos de cocina. Algunos jefes de cocina corrieron la misma suerte que sus señores, pero muchos, que lograron sobrevivir, se exiliaron para instalarse en las cocinas de la aristocracia británica y otros optaron por abrir restaurantes en París y en las principales ciudades de Francia. 

 

Los chefs abandonaron temblorosos sus escondites y reunieron en sus equipos una tropa de antiguos pasteleros, asadores y sumilleres. Fueron ganando confianza y dinero, dando un servicio esmerado y lujoso del que antes solo disfrutaban los aristócratas en sus mansiones. La alta cocina había salido de los palacios para instalarse en las calles y dar servicio a la nueva y adinerada burguesía surgida tras la Revolución. 

 

La toma de la Bastilla, por Jean Pierre Houel

 

En 1792, en plena Revolución, Antoine Beauvilliers que había sido cocinero del conde de Provenza, hermano del guillotinado Luis XVI y futuro Luis XVIII, abrió dos restaurantes en París, uno de ellos se llamaba La Grande Taverne Anglaise y fue considerado el mejor restaurante de la capital del Sena y referencia de la alta cocina francesa. Para Brillant-Savarin fue el gran restaurante de Paris. En su célebre tratado de La Fisiología del Gusto, escribe: “el primero que tuvo una sala elegante, camareros bien vestidos, una bodega cuidada y una cocina superior”. 

 

También durante la Revolución fue inaugurado Meot. Regentado por el antiguo cocinero del jacobino y regicida Duque de Orleans. El lujo y su abundante carta fue un imán para atraer a los ricos y poderosos del momento: Robespierre, Saint-JustDesmoulins, el Marqués de Sade y el mismísimo Alejandro Dumas fueron clientes de Meot. En un almuerzo se elaboró allí la Constitución de 1793 y, asimismo y en sus salones, el tribunal del pueblo celebró por todo lo alto, la ejecución de María Antonieta con foie, pulardas asadas, dos codornices y catorce tordos por persona. Vive la République! 

 

Se habían puesto las bases para convertir a Paris en la capital gastronómica del mundo mundial por sus fogones y su lujo: toda Europa, desde entonces y durante muchos años, ha brindado con champagne en Paris. El vino del amor y las celebraciones. El vino del placer. À votre santé!